Asesinato institucional en la Ciudad de Buenos Aires

Días pasados, en una de las históricas villas de emergencias más grande de la ciudad de Buenos Aires, la villa 31 situada en el barrio de Retiro, falleció una joven llamada María, de 27 años, quien estaba embarazada. También falleció su hija de 38 semanas de gestación, que estaba a punto de nacer.
La joven madre concurrió a uno de los hospitales tradicionales de la ciudad, el Hospital Fernández, aquejada por fuertes dolores abdominales. Tuvo que concurrir en un auto de servicio, acompañada por una tía, porque el SAME, el servicio de ambulancias de la ciudad, no ingresa a la villa de emergencia donde vivía la joven.
En la Guardia del hospital sintieron frases discriminatorias por parte del personal de atención: “Cuidado que vienen de la villa y están todos infectados”. Ni la joven ni su tía padecía el Covid-19, porque días atrás ambas mujeres habían hecho el hisopado en la casa.
A pesar de su estado de gravidez, María fue mantenida fuera del hospital, no le asignaron una camilla, pero tampoco le acercaron una silla de ruedas. El personal que la atendió le dijo que no estaba en trabajo de parto. Le hicieron análisis de orina para ver si había infección. La médica que la atendió comentó que la joven estaba exagerando el dolor, que los resultados estaban bien y que se volviera a su casa, recomendándole que no se acercara a la guardia hasta que no tuviera un sangrado profundo.
Le aclararon que no podían dejarla internada porque no había camas disponibles y porque “no tiene nada”. Que volviera tres días después para programar una operación cesárea. Y la mandaron de vuelta a su barrio.
Al día siguiente la joven continuaba con los dolores. Después del mediodía se dirigió a otro hospital de la ciudad, el Hospital Rivadavia. También tuvo que discutir para ser atendida. De la Guardia la mandaron a Obstetricia, pero no había nadie que estuviera atendiendo. Un médico la regresó a la Guardia, pero ya era tarde. Le dijeron que la bebé ya había muerto. Pero a causa de la falta real de atención la joven sufrió un derrame y un infarto, tras lo cual falleció. Murieron los dos: la joven María y su beba.
Además, dejó un hijo de 5 años que aún pregunta por su mamá.
Hay numerosos testimonios de mujeres embarazadas que viven en barrios de emergencia, quienes denuncian que la única opción que le ofrece el sistema oficial de salud en la ciudad es abortar. Para el Ministerio de Salud de la ciudad el acceso al aborto es un servicio esencial, mientras que la atención a embarazadas dejó de ser una prioridad, ha disminuido el nivel de atención, sobre todo cuando las mujeres provienen de entornos vulnerables y pobres.
Mientras que un ilegal y criminal Protocolo administrativo avala el asesinato de niños por nacer, por cualquier motivo y excusa, y “obliga” a los médicos por fuera de la ley, la mujer que quiere dar a luz está totalmente desamparada de hecho, su atención no es prioritaria.
Si la joven embarazada hubiera dicho que quería abortar, hubiera sido atendida inmediatamente, porque en medio de la cuarentena actual en los hospitales públicos porteños -al igual que en los hospitales públicos de la Provincia de Buenos Aires- HAY CAMAS EXCLUSIVAS PARA HACER ABORTOS ILEGALES, pero NO PARA LAS MUJERES EMBARAZADAS.
Si María hubiera decidido abortar hubiera sido atendida y seguramente estaría viva. Como decidió ser madre, aun siendo pobre, el sistema hospitalario porteño la abandonó y le aseguró la muerte.
Por decisión política de sus gobernantes, el sistema de salud de la ciudad de Buenos Aires asegura y acompaña el asesinato prenatal. Y más grave todavía es que la casi totalidad de la dirigencia política mira para otro lado, al igual que la jerarquía católica, con un acompañamiento cómplice silencioso. Sorpresivamente, también otras jerarquías religiosas guardan un llamativo silencio, cuando solían ser más expresivas y comprometidas frente a esta problemática.
Como se ha vuelto habitual, numerosos grupos provida y agrupaciones políticas independientes están ofreciendo una digna, firme y fuerte resistencia frente a la oficial avanzada abortista, en inferioridad de condiciones y recursos pero con una energía ejemplar.
Dios premia el esfuerzo, no el éxito, dice un antiguo proverbio cristiano. Como dice el bíblico Libro Primero de los Macabeos: “en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo” (1 Mac 3, 19).

Fuente: Imperium News

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Esteban Campobasso para Aquí Lomas

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