La oposición mediática anhela una tragedia

Un relato opositor unánime, sobre fracaso gubernamental en todas las áreas, despliegan los medios opositores, concentrados temporalmente en la pandemia. Según su discurso, la carencia de vacunas no es un problema mundial sino exclusivamente argentino. En tono de Guerra Fría, se quejan por los acuerdos con Rusia y China y los diálogos con Cuba, junto con renovadas notas promocionales de los intereses de Pfizer.

A la vez, ya fue sembrado en dos medios y días separados un vaticinio que en verdad es deseo político: una suerte de desobediencia civil en caso de restricciones por la crisis sanitaria. Como en otros casos en el pasado, estas líneas editoriales van sincronizadas con campañas de agitación en redes digitales, con eslóganes como “Yo no acato”.

El Gobierno mantiene en pie el plan de vacunación, aunque la falta mundial de dosis impide abastecerse al ritmo que cada país necesita. Entonces, la estrategia editorial opositora va girando a los contratos, para generar desconfianza. El miércoles Infobae dio el primer lugar a un título que decía que el Gobierno pagó a China por vacunas que “no llegaron”. Se trata de un pago anticipado, establecido en el contrato con el laboratorio de ese país. Por contraste, el medio podría aplaudir porque la Sputnik V se paga una vez recibida, pero claro, es un título que jamás será publicado.

“Mucho virus, poca vacuna”, escribió Roa en Clarín el mismo día, siempre en la línea de ponerle la peor nota al Gobierno de Alberto Fernández, para lo cual la tragedia de Brasil nunca llega al primer plano, pues la cobertura es mínima, espasmódica y en espacios poco visibles. Tampoco les sirve informar de las cuarentenas cerradas en Francia y Chile, por citar dos casos.

Es que un día antes, Vaca había tipeado en Clarín que al Gobierno le será difícil disponer restricciones, porque como hizo y hace todo mal, la ciudadanía no lo respeta. Liotti, de La Nación, copió y pegó la idea el domingo 4: la sociedad “no acataría mansamente un encierro”.

Las acciones del grupo financiero BlackRock en Clarín explican las notas de ese grupo mediático que hacen publicidad a la vacuna de Pfizer y combaten al gobierno por no aceptar las condiciones de ese laboratorio. ¿Qué explica que La Nación e Infobae hagan exactamente lo mismo?

Infobae le dedicó un título generoso el jueves, con las virtudes de esa vacuna, descriptas -obvio- por su fabricante. En su nota un día antes, Roa de Clarín también lo había reivindicado (“reparte vacunas por medio mundo”). Y el sábado, Olivera dice que el Gobierno hace todo mal y que, ante el agravamiento de la pandemia, todo depende de que “modifique la adquisición de vacunas”, verbigracia, que le compre a Pfizer. Luego viene el reproche por los acuerdos con Rusia y China y las conversaciones con Cuba.

Más todavía: el redactor se queja de que haya diálogos con Johnson y Johnson, corporación a la que no le encuentra tantas virtudes como a Pfizer, que “tiene reglas más estrictas”.

Y no podía faltar: “Ahora la vacuna cubana”, como una suerte de maldición, escribió el viernes en Clarín Niebieskikwait, la periodista especializada en obtener y reproducir cada declaración a favor del macrismo y en contra del Frente de Todos de Mauricio Claver-Carone, el ultraderechista amigo de Donald Trump. La cronista menciona a Vizzotti como responsable de las “negociaciones secretas” con Rusia. Y en un mal remedo del cuco comunista, menciona que en 2020 el Gobierno intentó traer al “ejército sanitario cubano”.

Pero si todo esto parece extremo, faltaba en La Nación del domingo Alconada Mon, el genio que en sede judicial confesó que se le olvida leer las normas sobre las que escribe y verificar las versiones que lleva a primera plana. “Las tramas detrás de las vacunas que nunca llegaron”, es el título de un montón de párrafos cuyo único fin es quejarse de la compra de Sputnik y Sinopharm, en lugar de Pfizer y Moderna. Es el mismo motivo de queja que incluyó Van der Kooy en Clarín.

En suma, una nota de opinión disfrazada de revelación, como es común en este redactor que no se priva de apelar a falsedades, como que la compra de la Sputnik fue una imposición de Kicillof.

El contagio del Presidente es hasta ahora, en el plano personal, bastante respetuoso, salvo el “descuido” de La Nación que debajo de la noticia -publicada a las 0.24 del sábado- dejó que sus ilustrados lectores escribieran frases de odio: “viva el virus”, “vamos Manaos”, “la rusa les falló”, “el virus vino a salvar a la Argentina”. Eran las 11 de la mañana y seguía esta fiesta republicana.

La novedad sobre el Presidente fue manipulada para redoblar la búsqueda de un clima de desconfianza. Lo ilustra el título del sábado de Infobae, “Se reabre el debate acerca de si vacunados pueden infectarse”, cuando no hay ningún debate: todos los periodistas que hablaron con una fuente científica responsable, como es su obligación, saben que las vacunas -de cualquier marca- dan un porcentaje de inmunización que evita los cuadros más graves, pero no pueden impedir el contagio.

Pese a esta verdad sencilla y fácil de entender, Clarín fue por idéntico camino con el título “Se reavivan las dudas”, sobre las vacunas. Esta maniobra tan irresponsable con la salud de la población se desbarata en el propio texto, cuando dice que “Clarín ya había informado” sobre que la inmunidad no es absoluta.

Continuaron en estos días las estocadas en pos de una devaluación. Infobae habló de inutilidad del “ancla cambiaria” y el viernes Bonelli en Clarín insistió en el “atraso” del dólar. De paso, prescindiendo de todo contexto y de cualquier base mínima para el análisis económico, atribuye el índice de 42 por ciento de pobreza a “la escalada de fin de año” de los precios. Según este enfoque estrafalario, la responsabilidad es exclusiva del Gobierno, no hay condiciones de la estructura económica que expliquen la desigualdad, ni hay índice proveniente del gobierno anterior ni hay, mucho menos, una pandemia.

Proclive al “multitasking”, igual que el Gran Turista ungido por el grupo Clarín como presidente en 2015, este redactor se da el lujo de revolucionar la teoría periodística, pues la corriente: “Incluyo a sabiendas versiones infundadas”. Y en efecto, así lo hace: dice que en días pasados circuló la versión “infundada” de un reemplazo del ministro Guzmán, sueño acariciado largamente en sus notas.

Para no ser menos, el mismo día Cabot quiso revolucionar la teoría económica y de las políticas sociales. ¿Quién tiene la responsabilidad de la suba descontrolada de precios de alimentos, acaso empresarios, intermediarios, comerciantes? De ninguna manera: el culpable es el Gobierno, en la persona del ministro Arroyo, por la tarjeta Alimentar. Cada día, los titulares de ese instrumento disponen de 353 millones de pesos para hacer compras, dice. Y eso lo explica todo, ¿para qué estudiar Ciencias Económicas?

Este analista iluminado no se iba a privar de una estocada contra los “africanos”, diría su compañero Sirvén: dos veces en su nota dice que esos millones “en teoría” no son usados para comprar alcohol.

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